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Our girls, our christians

Pablo A. Iglesias  |  Director de Contenidos de Servimedia y de Corresponsales de Paz
Hasta que Michelle Obama publicó su foto en las redes sociales, casi nadie sabía lo que está pasando en Nigeria. Hasta que la primera dama de Estados Unidos reivindicó su liberación, casi nadie en el planeta conocía el secuestro de más de 200 niñas en el corazón de África. Hasta que la inquilina de la Casa Blanca enseñó al mundo un folio escrito con el lema #BringBackOurGirls, a casi nadie le había importado esa barbarie. Por suerte para esas chicas, algún asesor del gobierno más poderoso de la Tierra tuvo una brillante idea, aunque fuera con casi un mes de retraso. Escribió el eslogan en un papel y consiguió que Michelle Obama posara con rostro apesadumbrado. Una imagen como esta vale más que mil palabras.
Gracias al gesto de Michelle Obama, ahora casi toda la humanidad sabe que en Nigeria hay una banda terrorista sin escrúpulos. Sabe que un grupo radical y armado sacó por la fuerza del colegio a más de 200 alumnas. Sabe que están secuestradas a manos de un desalmado repleto de ira, que clama venganza constante sin motivo y que proclama odio a Occidente. La banda terrorista se llama Boko Haram y su líder es Abubakar Shekau. Se trata de un loco que bebe del islam más extremista y que mata a todos los que considera diferentes. Su especialidad es quemar iglesias llenas de gente y asesinar a los que estudian en escuelas y universidades cristianas. No es cuestión de raza, le dan igual blancos que negros. No es cuestión de sexo, distingue poco entre hombres y mujeres. Su obsesión es acabar con todo aquel que no abraza el islam tal y como él lo concibe.
Así ha matado ya a unas 4.000 personas. Son muchas más que las que perdieron la vida en los atentados terroristas del 11-S. Aquel fatídico día murieron 2.602 en Nueva York al estrellarse dos aviones contra las Torres Gemelas. En Nigeria es como si ya hubieran tirado abajo tres rascacielos. Abubakar Shekau no es Osama bin Laden pero es responsable de más muertes que el terrorista saudí. Las 270 niñas secuestradas por Boko Haram representan apenas una décima parte del dolor que los yihadistas están causando en esta región. Nadie parece escandalizarse cuando queman las capillas, quizás porque algunos desearían hacer lo mismo en sus propios países. Nadie pone el grito en el cielo cuando los islamistas más violentos acaparan poder en África y Asia. Nadie ha hecho nada hasta el secuestro de estas niñas. Pero no las capturan por ser menores de edad, sino por ser cristianas y estudiar en un colegio católico. Esta es la realidad.
Nigeria es la última punta de lanza para el islamismo más peligroso. Allí simplemente reproducen lo que desde hace años practican en Iraq, Sudán, Pakistán, República Centroafricana, Afganistán, Siria, Camerún, Brunei, Egipto, Tanzania... Incluso en algunas zonas de China, donde las autoridades empiezan a estar preocupadas por el avance vertiginoso de los extremistas del islam. La campaña internacional contra el secuestro de niñas de Boko Haram ha sido un éxito. Ha servido para abrir los ojos a todos los gobiernos de Occidente. Pero el problema ni está solucionado ni se resolverá con la liberación de las muchachas. Los terroristas de Abubakar Shekau asesinan cada semana a más de un centenar de nigerianos por no rendirse a su forma de pensar. Como ellos, otros radicales imitan la estrategia en otros países. El problema es global y, como tal, requiere una acción global para frenarlo. En todos los frentes y en todos los campos. Sin demora y sin descanso. Hay que armar un movimiento mundial, de norte a sur y de oriente a occidente, contra el terrorismo. La fotografía de Michelle Obama ha dado la vuelta al mundo pero su verdadero valor es que puede salvar multitud de vidas. Sólo hay que pasar de la denuncia a la acción.
Fuente: Lasemana.es
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